E-misivas

Letras

Sobre videocartas.

1.

En el espacio simulado de la realidad, el lugar donde los cuerpos desfilan (y son cuerpos menos que nunca, solo cuerpos, solo impostura y carne, pose y tendones, musculos faciales coreografiados, solo la tension de una fachada extremadamente limpia), el lugar donde todo se debe ver y lo visible es la constatación de la existencia, donde la voz se abre paso a base de declamaciones y es certera solo en su involuntaria desnudez, sincera solo en su desapasionada falta de pasión, ahí, un ahí también simulado, que no establece indicación alguna, sino la costumbre de hacerlo, podemos encontrar la mayoría de las imágenes, a modo de postales antiguas que uno trajimaneja en un mercado de obsoletas reliquias. Cestos de imágenes esperando como peces sin agua que el punctum las ligue a alguien y recobren algún sentido, así es, o un tanto así,  el mundo que nos rodea: espejos  que reflejan espejos en un continuo de imágenes-nada. Hablo de este mundo al modo en que hablaría de una vieja diva, como un ser cuya relación pasada con la cámara ha terminado por extrapolarse a toda su realidad, descarnándola como se desholla la piel de un cordero, repudiando lo no productivo, los deshechos que, por no querer, no quieren ni las propias imágenes: lo inimaginable, en el sentido de algo que solo vive anhelando ser imagen, esperando ser formato 4:3, aullando como coyotes en el desierto a resultas de la melancolía que a veces la gobierna, tiras de piel seca que poseen la impronta de un pasado todo imagen y se desparraman y derivan como los matojos sueltos en el desierto, sedientas de imaginación.

Nos quedamos en el desierto como metáfora del mundo lleno de nada en el que vivimos. Pero tan solo el mundo que se refleja es así, vacío. 

 

2.

En el estado mexicano de San Luis Potosí, el desierto y la selva conviven: son los dos lados de un espejo cuyo cristal el viajero no acaba de percibir, diluído en las diez horas de autobus que los separan.

Podríamos decir que el desierto es la imagen reflejada de la verde y húmeda Huasteca Potosina y, quizás así, apuntaríamos cerca: el mundo, un mundo que ya solo se cree a sí mismo convertido en imagen y que, por lo tanto,  se ha descarnado, no es sino la nada, el continuo de imágenes nada que discurren ocultando la existencia real de otro mundo siempre secreto a pesar de ser el único que realmente conocemos (lo que desconocemos de lo que sabemos es lo que sabemos).

 

3.

Esto es, el mundo es una imagen (infinitas), pero en ningún caso imagen de mundo, en la mayoría reflejo de reflejos, bucles de nada. Solo en pocos casos, destello ocasional, reflejo de algo que una vez alguien miró, un camino de vuelta hacia la particularidad del sentido.

Es extraño porque, sin embargo, el mundo sigue ahí. No lo vemos –nunca lo hemos visto-, lo vivimos. Lo vivimos como se vive, como se ha vivido siempre. No es ésta una idea que se resista o enfrente al cambio. No supone encerrarnos en un castillo, en una larga torre, en una unifamiliar o, como lo llaman en México, un fraccionario. No es la puerta que no se abre, ni gente de espaldas, ni ojos que se niegan a ver, sino el estado de ensimismamiento en el que uno continuamente vive. Vive en sí mismo. Nunca se libera de tal acompañante.

Lo extraño es que el mundo sigue ahí y, en cambio, ya no es el mundo, pues el mundo ahora es otra cosa.

4.

 

- ¿Por qué le gusta el mundo?

“El mundo me gusta porque es amplio y grande y tiene forma de cabeza o de coco”.

“Lo que no me gusta del mundo es que se acabe tan pronto”.

 

Monólogo

 

(Todo lo bonito envejece. Los melocotones se pudren. Las patatas fritas se amohinan. Mi rostro pensativo cae a mis pies. Pero mi rostro alegre sigue pareciendo un niño.

Al otro lado del espejo, me veo y compongo. Mi imagen encuadra mi reflejo, el marco del espejo y los azulejos de la pared. Pero además, la imagen desborda este espacio y me incluye, y entonces sé que el mecanismo ha saltado y el proceso se repite ad infinitum)

 

 

            5.

 

Cuando en algo se introduce una constante, o cuando alguien anhela estructuralmente la repetición y lo mismo, no es que las ratas abandonen el barco… ¡es el mar, todo el gran mar, quien abandona al barco! Lo deja a su suerte, embarado en barro que sera desierto, como los submarinos del mar Muerto.

Si una imagen puede metaforizar la imagen, es esa: nautilus secos, batiscapos sin oceano, sobre pura tierra resquebrajada y polvo.

Tarkovski construyó una imagen similar, la de los tanques abandonados en un prado ruso, en el film Stalker. Pero todavía en él hay dulzura. A los tanques se los come el verde, no la nada abrupta del desierto. En él aún la cadena parece constituirse a partir de la variación, pues los tanques se convierten en otra cosa, son guarida, casa de seres, depósitos de vida, y su artificio, al fusionarse con la naturaleza, cobra una dimension especial.

De los submarinos en el desierto solo vemos una línea maldita de tiempo, articulada en la carencia (del mar) y en la desaparición futura: polvo eres y en polvo te convertirás.

 

 

            6.

 

Cuando Baudrillard, en América, habla de Las Vegas y su relación con el desierto que la rodea (el Death Valley), podemos sentir idéntico hálito: lo que les une no es solo un territorio, sino el carácter reflexivo del uno respecto al otro. Baluarte de lo gringo, Las Vegas esconde bajo el pastiche de una nueva Venecia y la imitación de la Pirámide de Gizeh, esa sentencia ortodoxa que preconiza nuestro futuro como pasto de ácaros. Venimos del polvo y hacia el polvo vamos.

Lo que media entre el pasado y el futuro es gasto. Gastamos nuestra plata en la ruleta, gastamos nuestro cuerpo en el gimnasio, gastamos nuesto espíritu en la servidumbre que necesitamos día a día, noche a noche, para levantar el telón de nuestras vidas, y mantener incandescente nuestra escena teatral, en la cual ya no hay atrás ni delante, sino fragmento y duración.

 

 

            7.

 

El desierto es el reflejo de esta cacofonía de estertores, pero a su vez Las Vegas son el reflejo de la nada desértica.

 

Podríamos preguntarnos por la imagen que originó los reflejos sucesivos, aunque ya no importa, pues la cadena de reflejos se encuentra en bucle, el pasado se perdió, no existe referencia, solo desfile incesante de imágenes vacías.

 

 

            8.

Pienso que de todo esto no queremos saber nada: nuestro acto posee más bien una intimidad burbujeante, que responde a ciertos momentos en los cuales el mundo no es un ente necesitado de reflejos, no es esa vieja diva decadente de Sunset Boulevard.

 

            9.

Debió de ser en el transcurso de ese viaje cuando la imagen se destacó y alcanzó su punto álgido. Pudo haber existido, pudo haberse hecho una fotografía, como otra, en otra parte, en otras circunstancias. Pero no existe. El objeto era demasiado insignificante para provocarla. ¿Quién hubiera podido pensar en eso? Sólo hubiera podido hacerse si se hubiera podido presentir la importancia de ese suceso en mi vida, esa travesía del río. Pues, mientras tenía lugar, aún se ignoraba incluso su existencia. Sólo Dios la conocía. Por eso, esa imagen, y no podría ser de otro modo, no existe. Ha sido omitida. Ha sido olvidada. No ha destacado, no ha alcanzado su punto álgido. A esa falta de haber sido tomada debe su virtud, la de representar un absoluto, de ser precisamente el artífice.

EL AMANTE – Marguerite Duras

 

En esa confrontación de imposibilidades, de invisibilidades y de ignorancia vital (aquella de la que habla Duras) es donde se encuentra, creo yo, la verdadera intención de este proyecto y no en la mera y correcta fabricación de imágenes. Por eso quien mida el proyecto como una sucesión de imágenes montadas que lasceran nuestro mundo en busca del reflejo se está equivocando de pleno. Nuestro proyecto no es un trabajo de video: estaría en todo caso más emparentado con la escritura que pregunta y solo pregunta. Tampoco es literatura (ni mala ni buena). Es una puesta en relación, lo cual quiere decir que no es una sola cosa ni siempre la misma.

 

10.

Para decirlo de otra manera: es imposible no tener en cuenta nuestra admiración por los espejos, cristales, el mar, los ríos, pantanos, lagunas y todos aquellos filtros que dejan ver un otro lado con el acerbo de un fascinante e indisimulado cambio.

No es de extrañar que frecuentemente las lagunas estén unidas a historias fantásticas, delatadas por un nombre (laguna encantada, misteriosa, etc…) o por un ser mítico nunca visto que se esconde en su interior (como el mosntruo del lago Ness).

No es de extrañar tampoco que una ciudad por la que cruza un río cuente con una enigmatica belleza al encarar sus dos riberas. No existe una sola ciudad hermosa en la que el agua en canal, río o mar no la atraviese, y me refiero sobre todo a ciudades cuyo surgir se debió entre otras cosas a una más afinada intuición del ser humano anterior para con las fuerzas místicas de la belleza.

No es de extrañar que una de las más tradicionales y tópicas postales vendidas en cualquier parte del mundo sea la de un atardecer en una playa, frente al mar: el sol nos abandona encaminándose hacia esa otra parte, bajo el cristal del océano.

No es de extrañar, no… ¡es de fascinar!, que todos los aspectos de la reflexión fecunden nuestro interés. Y es así en tanto no es de ese otro modo: no se anhela ser un espejo del mundo sino atravesar una y otra vez los multiples espejos del mundo.

 

 

            11.

Ya las videocartas son transferencias. Lo importante en ellas es la conciencia de que operan al cabo de un transcurso. Viajan, física, virtualmente. Vienen a uno en forma de paquete postal: es un objeto. Uno la introduce en la web: la vuelve archivo e información. La primera poética es personal (pero transferible). La segunda es transferible (pero personal). Ecco, el eco.

 

 

            12.

Esa doble relación se vierte sobre un eje espacio-temporal: hablamos en presente para un futuro en cuyo presente observaremos éste como pasado inmediato. Hay todo un discurso sobre el tiempo en el que no me interesa demasiado ahondar aquí. Quizás porque no es estructuralmente algo decisivo, o porque llevaría a malos entendidos. Fijar el presente: oh, no, no es eso. Precisar nuestra capacidad de modulación del tiempo en cuanto poética, oh, sí, eso es…

 

 

            13.

¿Qué significa que poseemos capacidad de modulación del tiempo? Nada extraño. Que la construcción de una poética no solo determina y es determinada por una lógica interna, sino que revierte y altera una lógica externa a ella, de una forma similar a la huella que dejaba el cuerpo de Ana Mendieta en la tierra, sus Siluetas. O mucho más específico y concreto que este ejemplo lírico: el viaje temporal de los moldes de cuerpos humanos encontrados en Pompeya que Roberto Rossellini hace ver a su mujer y protagonista, Ingrid Bergman, en el film Viaggio in Italia.

El tiempo no es una línea, sino barro modulado, un molde de mil años atrás que cobra significancia emocional mil años después.

 

 

            14.

Cada videocarta es un molde de tiempo que se superpone a una anterior y a la cual se le superpondrá una posterior, al modo en que se estructura, digamos, el cine.

 

 

            15.

Al igual que hacen las culturas, a veces brutalmente, con las que le precedieron. Como en Cholula, famosa sede universitaria junto a la ciudad mexicana de Puebla, en la que se encuentra, según dicen, oculta bajo el aspecto de una montaña, la pirámide con el mayor basamento del mundo, pirámide en la que cada cultura superpuso a capricho un orden distinto, capricho que fue ostentosamente rematado por los españoles, que la coronaron finalmente con una pequeña y ridícula iglesia.

 

            16.

Uno puede asumir la historia del mundo desde diversos frentes. Ahora estoy tentado a definirla de acuerdo a dos ejes: la esperanza y el aplastamiento. La esperanza levanta pirámides y el aplastamiento las destruye a su antojo. La historia entonces es una dialéctica entre dos términos que a la postre resultan ser lo mismo. Pues no levantamos desde la nada.

 

            17.

He determinado no hablar de tiempo… y me encuentro con la Historia.

Antiguo vergel para fértiles protagonismos, hoy la Historia es percibida absolutamente como algo ajeno y externo. Desligados de la Historia, observamos: oh, sí, tal acontecimiento hizo historia.

Al fin y al cabo la Historia sigue funcionando como lugar de acceso restringido, como la zona VIP de una discoteca pseudofashion. Un estúpido cordón separa esta zona privilegiada del resto. Un cordón, no obstante, magnificado y brillante (quizás porque permite observar al ganado mientras baila, porque permite escupirles y vilipendiarles, o qué sé yo…)

El cordón nos ciega y nos obliga a mirar hacia otro lado. El atrás no existe si no es a través de los mecanismos de representación que aseguran que no haya relación posible entre lo común y lo propio. Mire atrás en su vida: eso no es historia. No mire atrás en la historia: eso no es su vida.

Pero el cordón persiste para que la historia no solo sea mirada, sino admirada. Y es brillante para que a la ceguera le continue una parálisis extrema. Discurso cotidiano de la Historia: el escudo en el que todo pensamiento se encoge, recoge, defiende y ataca. Finalmente, dos renos que estrellan su cornamenta una y otra vez, sin descansar, hasta que uno opta por retirarse o muere en la embestida.

 

 

 

 

            18.

¿Por qué nos sentimos desligados de la Historia, a pesar de que nos afecta (como siempre)?

Porque si la Historia es un relato del pasado del mundo y el mundo es un desfile extenuante de imágenes que reflejan reflejos, la Historia es el relato hiperestasiado de la reflectancia pura, a un grado que ya no puede sino provocar indiferencia.

Video killed the History’s Star

 

            19.

Las videocartas no hablan de Historia. El carácter politico de las videocartas reside en su alejamiento expreso de lo politico como relato codificado que debe ofrecer obligatoriamente imágenes de mundo.

 

            20.

                        Es tan triste reír como llorar

en un mundo lleno de imágenes-verdad

 

            21.

Y se perdió en el sueño. Y al principio se preocupó. “No tengo los pies sobre la tierra, sino la cabeza en las nubes”. Pero luego observó que la sensación era agradable y que de ese tono volátil que había adquirido su cuerpo pasaba a una inmersión brusca en un mundo diverso. Adivinó pronto que ese mundo no pertenecía a otra esfera de la realidad sino que se encontraba frente a él, en su entorno, en su realidad. Era su realidad. Y así fue como descubrió que se podía con suma facilidad atravesar una y otra vez los distintos lados de las cosas.

 

            22.

También nosotros tenemos un pasado, que es tan importante como la Historia, como todas las Historias. Ese pasado puede comenzar hace mucho tiempo, pero me limitaré a señalar una fecha simbólica: nuestro anterior trabajo en común dentro del Colectivo Armando.

El vídeo resultante se llamó Invasiones Armandas. En él no quedan recogidas todas las prácticas llevadas a cabo por el colectivo, pero sí, de alguna manera, el espíritu que lo guió y, también, el elemento que centró su interés.

Aquel año 2006 hizo de todos nosotros seres que anhelaban el vuelo. El cielo se convirtió en el espacio perfecto para dar alas a expresiones de resistencia feliz frente al clima de miedo que nos invadía. Corríamos como avestruces, gritábamos como gaviotas, y nuestro cuerpo adquiría una fantasmal delicuescencia, la transparencia de lo volátil. Algunos podrían desdeñarmos con la frase: “viven en una burbuja” y no se equivocarían salvo en un detalle: nosotros construimos esa burbuja a base de esforzar un grado de empatía sumamente eficaz y creativa. No se dió por defecto ni por casualidad. La burbuja (que a mi parecer poseía un fuerte carácter político, como ya dije, de resistencia feliz) se edificó de la nada y creció hasta formar un cuerpo sólido y personal.

La burbuja flotó y nosotros, dentro de ella, pudimos viajar y ver el mundo desde lo alto.

 

            23.

Ahora hacemos como aquel pájaro que se lanza sobre el cristal del mar y lo atraviesa en busca de sus peces. El segundo elemento aparece en escena: el agua, el otro lado del espejo, la “imagen-cristal” de la que hablara Deleuze refiriéndose a ciertos films de Fellini.

Las videocartas no es un vídeotrabajo, sino un vídeoviaje. El medio videográfico resulta perfecto para plasmar este cambio de entorno, el deseo de sentir nuestro cuerpo en un estado diverso.

También un juego. También, cariño.

También, cómo no, resistencia feliz. Europa Neurótica cantan los StereoTotal, que es lo que estoy escuchando en estos momentos.

 

Y como tengo cierto gusto por los finales redondos, acabo en el número 23, que son los años de mis amados misivos, a la vez que, invertidos, como si una línea de espejo mediara entre nosotros, son los años que yo tengo. Y, esto, ahora sí, es una bonita casualidad.

 

Pablo Marte México,

7 de enero de 2008

 

                  

                                                                                               

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